


Acabo de vivir algo que aún me parece irreal. Parecía evidente que en Chile, un país emplazado sobre una unión de placas tectónicas tiritonas, habría de ocurrir tarde o temprano un terremoto. Años atrás se despobló Concepción, ante la alerta de un falso tsunami, esta vez no fue suficiente la alerta, y muchas son las víctimas de este trágico incidente, que reitero, aún parece irreal.
Me tardé en escribir al respecto, porque la luz hace poco llegó y porque me costaba reunir las ideas. Perdimos la noción del tiempo y quisieramos perder la del espacio y transportarnos a una realidad paralela donde el 27/02 y también el 28/02 fueron de otra manera. El tsunami se llevó lo que el terremoto había perdonado.
Luego vino la otra tragedia, la de la maldad humana, una que sorprende y duele mucho más. El egoísmo y la inhumanidad. Negarle el agua robada, el gas robado, la comida robada a un vecino que lo necesita me pareció el acto más animal en esta situación. Vi acarrear de todo a mis vecinos, los vi tomando cerveza robada en las esquinas, mientras muchos acarreabamos agua. Y ahora observo videos de cómo se llevaban electrodomésticos de todas las tiendas de mi ciudad, mientras muchos lo perdieron todo.
Quisiera pensar que nada de esto pasó. La maldad retrasó el progreso de las obras. A la presidenta le costó mucho tomar decisiones y dejó aflorar lo peor de la gente. No critico a los que robaron alimento y lo compartiero, sino ¿qué comíamos, si ya se lo habían llevado todo?
Es re facil criticar desde afuera, sumado al terrible estado de mi malogrado país, sobre todo de mi región la del Bío Bío y de la séptima, leo con dolor los comentarios xenofóbicos y malditos de gente horrible. No puedo comprender que alguien disfrute de nuestro sufrimiento, no puedo entender que a alguien le pueda alegrar esto. He visto como el trabajo de toda una vida se va, con el mar, se derrumba y literalmente se hace añicos, y lo que es peor, como se han perdido vidas.
Me impacta cada historia y me siento terriblemente impotente. Quisiera estar en la calle ayudando de diversos modos, pero por ahora sólo puedo desahogarme en este texto y espero ser capaz de escribir otros más, cuando las circunstancias me lo permitan.
Pienso por ejemplo en la gente del edificio Borderío. Imagino que son profesionales jovenes como yo lo seré muy pronto, que llevaron a sus familias hasta allí llenos de proyectos y sueños, con sus hijitos pequeños, con toda la vida por delante, y cómo la falta de cuidado se alineó con un hecho inusitado, y provocó una tragedia perfectamente evitable. Pienso en aquellos cuyos hogares inevitablemente han de ser derrumbados y que desesperados buscan un hogar.
Agradezco a Dios el estar con vida, pero al mismo tiempo quisiera que esto sirviera de experiencia para poder evitar lo evitable, y que la negligencia y la maldad humana no tengan espacio para desplegarse.
Espero una solución para los damnificados porque estoy consciente de que somos muchos los bienintencionados, aunque las instancias se complican dada la falta de transporte. Ante todo deseo que crezcamos como país y como personas y que exista un castigo ejemplar para quienes sacaron (y aún sacan) provecho de estas situaciones que dañaron a tantas (Mediante el robo y la posterior venta de productos de primera necesidad, el robo de electrodomésticos y la venta de casas a precios estratoféricos)
Fuerza Chile, paz y bendiciones
